TRAVESIA CICLOTURISTA SEVILLA-ARAHAL

Ni el hombre más bravo puede luchar más allá de lo que le permiten sus fuerzas. Homero.

Domingo 27 de mayo de 2012.

Esta fue la fecha en la que Nico y yo protagonizamos un nuevo reto en esta práctica deportiva a la que semana a semana, nos estamos aficionando cada vez más.

Queríamos saber de qué material estabamos hechos para este deporte de la bicicleta y  hacer algo distinto de lo que llevábamos realizado hasta ahora. Se trata de una travesía cicloturista.

Si analizamos el significado de estas dos palabras, que creo que son las que mejor podían definir nuestra aventura del 27 de mayo. Una travesía  consiste en realizar la ruta por parajes normalmente aislados y con fin recreativo, algo parecido al excursionismo pero en bicicleta, donde es necesaria la orientación, cumplir determinadas normas de seguridad y de no dañar el medio ambiente.

Esto trasladado al mundo de la bicicleta nos resulta una modalidad que llamamos cicloturismo, un ciclismo de largas distancias, de actividad recreativa-deportiva y no competitiva porque combina la actividad física con el turismo bien sea cultural o el excursionismo en contacto con la naturaleza.

Esta travesía cicloturista por tanto, consistió en viajar en bicicleta visitando los lugares encontrados a nuestro paso. Ese día Nico y yo, según un comentario de mi compañero en plena marcha, éramos como Dos Quijotes.

Para nosotros la mayor satisfacción nos la proporcionaba nuestras dos Trek, La Bandolera y La Poderosa. No era importante cuántos kilómetros hacíamos, ni con qué tiempo lo realizábamos, sino cómo y por dónde íbamos, esos mismos lugares que divisamos en el horizonte cuando vamos conduciendo por autovía, ahora los atravesaríamos con nuestras bicis, marcando las cubiertas por los polvorientos caminos, dejando así el testimonio de nuestro paso por estos lares.

Pero esta travesía comenzó con bastante anterioridad a nuestra primera pedalada: Nico esta vez le tocó preparar el itinerario. Estudiando los mapas de diversos sitios de internet, acumulando información y estudiando los lugares de paso…

Libertad e independencia, son las ideas que más se asocian al cicloturismo. Revivir sensaciones perdidas de nuestro mundo interior y conectar nuestro entorno y la realidad de la vida, más allá de lo que es vivir en ciudad, atendiendo ese instinto nómada, que algunas veces necesitamos evocar y que heredamos de nuestros antepasados… De conocer el territorio que nos rodea, el de los demás, tal como lo hacían aquellos primeros aventureros de la Tierra.

El hecho de preparar este tipo de reto es, con idea de hacer otros proyectos posteriores. Para ello lo mejor es hacer uno similar. En esta ocasión no hicimos nada durante la semana y quedamos directamente el mismo domingo sobre las 08:40 horas de la mañana. Nuestro objetivo, ir hasta Arahal, en la campiña sevillana, pasando previamente por Alcalá de Guadaíra y luego volver a nuestro punto de partida, un recorrido circular al menos hasta el Puente del Dragón de Alcalá aunque prologaramos nuestra meta hasta el mismo punto que el de salida, la esquina Ronda del Tamarguillo con Avenidad de la Paz, junto al Centro Comercial Alcampo.

Ese día madrugué y me preparé para la nueva ocasión, para esperar allí a Nico.

Me enfundé un nuevo maillot, el de la Federación Andaluza de Ciclismo de color blanco y verde celta, rotulado en arcoiris con la palabra Andalucía y conseguido tras federarme a principios de este año.

El tema de federarse es importante porque los federados están protegidos con un seguro mientras practica su deporte favorito entre otras ventajas de tipo, descuentos en tiendas asociadas o en participación de pruebas, por ejemplo. Pero lo más importante para el federado, es que el ciclismo al ser un deporte de riesgo se está asegurando en caso de accidente o daños a terceros. Además con una parte del dinero aportado se mantiene y se beneficia la práctica de este deporte en todos los ámbitos geográficos.

Mi tarjeta federativa es para uso cicloturista exclusivamente y no competitiva, por lo cual los aficionados a este deporte también pueden estar asegurados sin la necesidad de tener que competir.

Otra de mis novedades es una funda de bidón color azul para conservar el frescor del agua durante más tiempo. A parte de esta novedad la exigencia del recorrido hacía que fuéramos mejor preparados que en otra ruta. Por lo que además de cámaras de repuesto, parches para pinchazos, infladores nos equipamos con mochilas de hidratación llevando cada uno tres litros de agua, crema de protección solar, barra de protección labial y bocadillo. A parte de otros accesorios como el casco, las gafas y la cámara de fotos, para retratar los lugares que nos encontramos en nuestra andadura.

Salí de mi casa a eso de las 08:20 y me dió tiempo para completar una vuelta por circuito urbano por los barrios de La Oliva y Tiro de Línea, unos 20 minutos en los que recorrí unos cuatro kilómetros antes de la aparición de Nico, justo en la Esquina de Ronda Tamarguillo con Avenida de La Paz, en nuestro lugar de salida.

Durante este calentamiento en la esquina Diego Martínez Barrios con Felipe II, estática asegurada bajo candado junto a una señal de tráfico se sostiene  una bicicleta pintada de blanco,  es lo que se conoce como una “bicicleta fantasma”.

La “bicicleta fantasma” marca el lugar donde murió un ciclista atropellado a causa de la imprudencia y falta de respeto de conductores de vehículos motorizados. Todas estas bicicletas espectrales forman parte de una iniciativa conocida como “ghostbike” creada en 2003 en St. Louis, Missouri (EEUU) para rocordar el lugar donde muere el ciclista atropellado. Es la primera bicicleta que veo en Sevilla, pero en muchas ciudades podemos encontrar esta especie de reinvindicación que sirve como conciencia social. Las bicicletas blancas no intentan amedrentar a aquellos que usen bicis o que quieran hacerlo, simplemente es una forma simbólica de hacer visible el costo en vidas de las ciudades dominadas por el tráfico de transportes de motor.

Llegué a la hora estimada y poco después llegó Nico. Comenzamos la ruta enfilando la salida de Sevilla por el carril bici de Avenida de la Paz. Prácticamente hicimos el mismo recorrido que el ya publicado en el capítulo Puente de la Barqueta- Puente del Dragón, con una variante mínima. Tras pasar por la Universad Pablo de Olavide, nos encontramos la puerta de entrada a la pista del Canal de los Presos cerrada.

Tras un breve desconcierto un ciclista desde el otro lado de la malla nos señaló la dirección a tomar, seguimos sus indicaciones y tuvimos que desplazarnos por el Puente de acesso a Condequinto y de ahí girar a la derecha hasta pasar por debajo del Viaducto del Metro, es otra entrada al Canal de los Presos.

Recordemos de la pasada ruta que la pista junto al Canal de los Presos es el enlace de Sevilla a la Puerta Verde de Alcalá de Guadaíra.

Entramos en la Puerte Verde de Alcalá de Guadaíra, a lo lejos quedaba ya Sevilla, con una emergente Torre Pelli cuya estructura está empezando a destacar sobre el resto del patrimonio monumental hispalense.

Otras de las obras de gran calado que se está haciendo en Sevilla, son las de la SE 40, que en la anterior visita solo tenía levantado los pilares del puente pero que ahora a nuestro paso se está viendo el avance que está teniendo, un espectacular viaducto que pasará por encima de la vía.

También dedicamos con anterioridad otras menciones sobre el río Guadaira, a su paso por Alcalá, les invitamos a que los sigan en el capítulo dedicado al Puente de la Barqueta- Puente del Dragón.

Todo la zona que ataviesa la vía junto al Guadaíra es de destacada belleza, para recrearse en la naturaleza del lugar. El curso del río antes de llegar a Alcalá es jalonado por molinos harineros, cerca de uno de ellos, el del Realaje, ya detallado con anterioridad, y muy próximo a Alcalá, decidimos parar para hacer el primer descanso de la jornada.

El lugar era un incomparable marco de belleza paisajísta, con el curso fluvial en primer plano, el molino de blanco en segundo y el pueblo con su castillo al fondo.

Y en la próxima fotofamilia, Nico nos señala la dirección cardinal a seguir, como el Colón de Barcelona con América.

No era el momento de hacer muchas fotos, ya que nos quedaba un largo camino por delante, el punto de llegada de la anterior ruta que hicimos hacia Alcalá, iba a ser el punto de salida o mejor dicho de conexión hasta Arahal.

Recordamos de la anterior ruta que este moderno puente figurativo de 123 metros de longitud está revestido de azulejos evocando el estilo de Gaudí.

Próximo a este puente, ya en Alcalá, en lo que forma parte del arrabal de la villa,  pasamos junto al Molino del Arrabal antes de subir la cuesta que nos llevaría al casco urbano.

Los restos de este molino se localizan en la ladera suroeste del Cerro del Castillo, en el arrabal de San Miguel. La muralla protegía el arrabal rodeando toda su extensión, y enlazando con la parte superior del Castillo y la villa. Actualmente se conservan varios tramos del recinto bajo de San Miguel, y su parte del edificio del molino: sótano y sala de molienda, aliviadero de agua y dependencias anexas.

El origen del molino es medieval, posiblemente fechado entre los siglos XIV-XV, cuando se produce también el amurallamiento del arrabal. El molino surtía de harina a los habitantes de San Miguel y Santa María, de los que sabemos que diariamente bajaban por suministros.

En la segunda mitad del siglo XX se dinamitó su azud para facilitar la corriente del Guadaíra, destejando y arruinando asimismo el edificio del molino y la casa del molinero, ambos ya abandonados a mediados de siglo.

Subiendo la cuesta desde este molino hacia delante se acaba el carril y se llega cerca del Barrio del Arrabal con su espectacular vista del Castillo de Alcalá.

El castillo representa para la ciudad, el inicio histórico de la población, que desde su interior va extendiéndose a lo largo de los siglos hasta conformar los actuales límites del caso urbano.

Está situado en un promontorio de altura suficiente para dominar la vista de su entorno, en el mismo lugar en que con anterioridad hubo ya asentamientos humanos de la Edad de Bronce.

Toda la edificación que podemos ver en la actualidad comienza su construcción a finales del siglo XII, cuando el Califato almohade construye una pequeña fortaleza en el extremo oeste del Cerro, usado seguramente en su totalidad como campamento del ejército de los muyahiddin procedentes del Norte de África.

Tras la conquista castellana de 1247 se producen nuevas obras,  las obras del Castillo de Alcalá serían promovidas por el propio Fernando III, quien se instaló en Alcalá “para adobar (arreglar)sus cárcavas (fosos) y fortalezas”.

A finales del siglo XIII, Alcalá entra a formar parte de la línea interior del conjunto de fortificaciones de la “Banda Morisca”, llamado así a un espacio fronterizo entre el Reino de Sevilla y el Reino de Granada. Durante varias décadas, el paso de tropas de uno y otro bando a través del paso del Guadaíra sería constante, especialmente de las huestes benimerines que procedentes de Ronda atacaban Sevilla en varias ocasiones. Como consecuencia de ello, en 1280 Alfonso X funda la Villa de Alcalá, en la explanada al Este del Castillo. Con esta fundación se constituye por primera vez un asentamiento urbano en el Cerro del Castillo, pues arqueológicamente sabemos que en época andalusí nunca llegó a existir una ciudad junto a la fortaleza.

Por la situación militar del momento, la Villa de Alcalá se amuralló rápidamente, cerrando la explanada con un circuito continuo de murallas que conectaban con el Castillo.

Entramos en el caso urbano de la ciudad panadera por la Plaza del Congreso, y bajamos cuesta abajo por la calle San Fernando hasta llegar a la vera del Puente Romano de Carlos III construido sobre el río Guadaíra.

El puente de Carlos III es un puente romano de piedra que como se aprecia ha sufrido varias transformaciones a lo largo de la historia. Se encuentra en el casco urbano de Alcalá donde confluyen las carreteras de Dos Hermanas y Utrera. Tiene siete arcos sobre estribos. Tres de los arcos están soterrados. Se trata de un puente de piedra, de origen romano aunque con numerosas reconstrucciones posteriores debido al tráfico rodado. Unos historiadores aseguran su origen romano aunque otros no lo aseguran ya que no hay ni escritos ni restos de calzadas romanas próximas.

Los primeros testimonios escritos sobre este puente aparecen a mediados del siglo XIV y se corresponden con fuentes que recogen acuerdos del cabildo sobre reparticiones en la localidad.

El Puente Romano recibe el nombre de El Puente de Carlos III ya que fue transformado en el siglo XVIII en tiempos de este rey.

Al llegar a este puente dejamos atrás uno de los edificios culturales más modernos de la ciudad, la Biblioteca Pública Editor José Manuel Lara.

Situada en la ladera sur del Castillo Medieval y junto al mejor enclave paisajístico de la ciudad, la nueva infraestructura se presenta como un importante Centro Cultural para colocar a Alcalá de Guadaíra como referente andaluz en el mundo de la cultura y de la educación, ya que, entre otros aspectos, anualmente presenta el calendario de actividades de la Fundación Lara, cuyo objeto son la visita constante de escritores, exposiciones, foros, encuentros y presentaciones de libros.

Tras pasar por el renovado puente y la biblioteca pasamos por la calle San Francisco y torcimos a la derecha para transitar por la larguísma Avenida Tren de los Panaderos.

Buscamos el Camino de las Aceñas, una vez pasado el recinto ferial a la derecha, dejando así el casco urbano. A partir de aquí empezaría nuestra verdadera Ruta hasta Arahal.

Tras dejar esta calle, y al comienzo de la Calle Regañá, aparece el sendero con el iniciamos nuestra nueva aventura en bici.

El camino es pequeño y no llega al kilómetro de recorrido ya que termina en el Molino de las Aceñas y en la Quinta Nuestra Señora de Regla, justo antes de llegar a estas edificaciones curva en sentido contrario para tomar un itinerario, el Camino de los Cercadillos, otro corto sendero que conecta con el Camino de los Molinos, con el que abandonamos defintivamente la población de Alcalá de Guadaíra.

Como marca esta señalización de rutas de senderismo, a 4,32 kilómetros se halla el Descansadero de Trujillo donde haríamos nuestra segunda parada del día. Continuamos donde nos indica este panel de información. Antes de llegar a este lugar, vamos a mencionar nuestro encuentro con dos molinos y un castillo, desde el que se divisaba a lo lejos.

Marcamos el camino a seguir, ideal para nuestras monturas y para vivir nuestras aventuras. Al fondo Nico señala con su índice un punto de interés del que ya comentaremos.

El primer lugar de paso a partir de este camino, sería el Molino de El Hornillo.

Este molino aparece registrado en 1492 como una de las propiedades del marquesado de Gandul, pero su estructura corresponde más a la Edad Moderna. Destaca sus contrafuertes moldurados y el contraste de su fachada blanquecina y su pintura decorativa a la almagra (arcilla rojiza). Se trataba de un molino de cubo donde el agua del Marchenilla era conducida a través de un canal, almacenándola en cubo y haciendo funcionar la maquinaria mediante la corriente. Este molino al tener dos cubos tenía cuatro pares de piedras.

Desde mediados de siglo XX este molino está en desuso.

El siguiente punto de paso sería otro molino, el Molino de Pasadilla, que debe su nombre a que está ubicado junto a un pequeño puente sobre el arroyo de Marchenilla.

Sobre este molino tenemos fecha que en 1705 formaba parte del Marquesado de Gandul, como el anterior. Con la misma estructura de construcción y funcionamiento que el del Hornillo. En 1940 fue reconvertido a una venta de recreo y actualmente es una nave de explotación ganadera. La aterjea donde se conducía el agua es ahora un abrevadero.

Seguimos el camino donde atravesamos una charca junto a una frodosa arboleda.

Ya quedaba poco para llegar a uno de los lugares de más interés de nuestra ruta, el Castillo de la Marchenilla.

El Castillo de la Marchenilla tiene su origen en una alquería, una explotación agraria de época andalusí. Su fecha data del siglo XII, y tuvo que ser fortificada en el siglo XIII por su proximidad por el camino de Morón muy utilizado por los soldados musulmanes benimerines que procedentes de Ronda tenían como objetivo realizar ataques sorpresas a las poblaciones cercanas a Sevilla, sobretodo las situadas en el arco Jerez- Écija.

Posteriormente se contruyó la Torre del Homenaje que ahora se corresponde con la zona residencial.

En el siglo XV ya propiedad de los señores de Marchenilla, la familia Velasco le dio forma rectangular al recinto, con torres cilíndricas en las esquinas y una garita semicircular en el centro de la muralla almenada. En su interior guarda una ermita dedicada a San Isidro Labrador del siglo XVII.

Desde el siglo XIX el castillo funciona como cortijo.

Dejado atrás este castillo-cortijo, nos adentramos cada vez más en los parajes de La Vega, una zona fértil para los cultivos gracias al paso del Guadaíra. Por aquí, transitábamos por un camino en paralelo por la carretera de Morón hasta la llegada al Puente de la Vega.

El puente de dos arcos sobre el río Guadaíra es lo más destacado de esta zona junto al merendero llamado Descansadero de Trujillo. Un descansadero es un ensanchamiento de la vía pecuaria lugar donde antiguamente los rebaños podían descansar o pasar la noche. Pues tomando consejo de este nombre, en este lugar paramos para descansar un poco y como apretaba bastante el sol, aprovechamos para untarnos más protección solar.

Tras este parón de unos 10 minutos como mucho reanudamos la marcha hasta que el camino de la Marchenilla a su paso por La Vega desembocó en la Carretera A360 Alcalá- Morón. Era momento de consultar las notas tomadas para esta ruta.

Y continuamos al frente, por la Cañada Real de Morón, por supuesto atravesando la carretera con la nos topamos para terminar el camino que llevábamos e iniciar este nuevo.

Junto a esa finca empezaba la Cañada Real de Morón que es una vía pecuaria muy aconsejable para la práctica de este deporte. Este sería el siguiente camino a tomar para hacer la ruta del día.

Una Cañada Real es aquella cañada castellana de uso tradicional, regulada por edicto real de Alfonso X el Sabio. Si bien este camino ya era recorrido y usado desde antiguo por el pastoreo trashumante, lo que perseguía el decreto de Alfonso X era su regulación, ordenación y protección de este tipo de caminos dada su importancia, uso y ubicación ya que merecían ser preservados de posibles violaciones de agricultores que expandian sus cultivos.

Así, junto con la creación del Concejo de la Mesta, quedaron definidas las cañadas reales. Una cañada real debía tener una anchura de 90 varas castellanas (72,22 metros) y tenían la característica de ser trazados de muy largo recorrido.

Con la regulación real, quedaba asimismo prohibido el recorte que realizaban comúnmente los propietarios de fincas colindantes mediante el movimiento de demarcaciones.

Estos caminos aún conserva su trazado original, pero en ningún caso queda ya vestigio de su anchura decretada en sus inicios. Igualmente, muchas cañadas reales atravesaban o pasaban cerca de poblaciones pequeñas, que al crecer urbanizaron encima de las mismas, sin respetar su trazado. En el mejor de los casos cuando se ha respetado el recorrido original, las cañadas que atraviesan poblaciones lo hacen por calles asfaltadas.

De una parte el descenso de la ganadería transhumante, y de otra la utilización de piensos que evitan la necesidad de buscar nuevos pastos y que el ganado se hiciera más sedentario, hizo que cayeran en desuso estas cañadas, que fueron siendo ocupadas por recortes de las fincas colindantes. En la actualidad, las cañadas son más utilizadas por excursionistas y ciclistas que por pastores.

Al pasar por esta cañada transitamos también por huertas como ésta de la Huerta de Tobar donde hay cerca un merendero.

El camino seguía hasta que cruzamos de nuevo una carretera, la A 8100, que va desde Utrera hasta Carmona.

Seguimos el camino siguiente donde al fondo divisamos la Sierra de Esparteros situada tras el pueblo de Morón de la Frontera.

El siguiente camino que tomamos tras pasar la carretera se llama la Vereda de Martinozo.

A diferencia de la cañada real, la vereda es un camino más estrecho formado para el tránsito de personas y animales. La utilidad es la misma, lo que las diferencian es la anchura, se denominan veredas aquellas que no superan los 20 metros de ancho.

Por este lugar, dentro del término municipal de Carmona nos encontramos con la Torre de la Membrilla.

Esta torre vigía tenía una importante situación estratégica porque desde ella se divisan el Viso, Mairena del Alcor y Carmona al norte, Arahal al este, y Utrera al oeste.

La torre de la Membrilla se alza sobre un pequeño cabezo en el denominado Cerro de la Membrillera por eso su nombre, junto al río Guaraira.

Por su planta, de unos 70 metros cuadrados, se deduce que debía poseer al menos dos plantas, lo que le daba un campo visual enorme, ya que se encuentra en una inmensa vega que domina la escasa altura del cerro.

La torre está actualmente desmochada hasta la altura del suelo de la primera planta, por lo que solo queda su base. La puerta se orienta hacia el noreste, dando al río, del que la separan pocos metros. No se aprecian restos de ranguas o escalones para acceder a ella, por lo que sus vigías debían acceder a su interior por escalas. Esto favorece su defensa dificultando a la entrada de sus posibles invasores.

La base es de cantería, para nivelar el suelo donde se asienta. Así mismo, las esquinas están reforzadas con sillería. No se aprecian marcas de cantería debido a la acusada erosión de la piedra. La rodea un pequeño barranco que se convierte en un cenagal intransitable cada vez que el río se desborda, lo que es frecuente en época de lluvias. Por ello, lo más conveniente es visitarla en la época seca o estival.

Seguimos el camino a Morón que desde la carretera de Carmona hasta el próximo viario rodado se denomina Vereda de Martinozo.

Durante buena parte de esta vereda nos acompaña la vegetación de palmitos y chaparros.

Fue a partir de aquí cuando mi compañero Nico se le notaba ya algo de menos fuelle y que tenía que respostar ya que lo tomado en el desayuno empezaba a esfumarse por la calor y sus fuerzas escaseaban. Menos mal que por aquí había buenos chaparros con sombras para ahorrar algo de sol sobre la cabeza mientras esperaba que Nico llegara y proseguir juntos.

Y justo aquí terminamos nuestro paso por la vereda.

La vereda termina en la Carretera de Écija- Jerez A394, ahora el camino a seguir deja de llamarse Vereda de Martinozo para llamarse Vereda de Morón

Entrando en esta vereda divisamos un paso elevado sobre la línea férrea y un altísimo pino piñonero, fue entonces cuando propuse a Nico parar en su sombra para descansar fuerzar y reponernos con el bocata que traíamos desde nuestra casa.

En este instante llevábamos de ruta 49 kilómetros en nuestras piernas en 3 horas 21 minutos y 06 segundos de pedaleo, según mi ciclocomputador. Y analizando estos datos no me digan que no nos merecemos un bocata. Con esa idea nos lo preparamos en casa y justo ahora vimos el lugar más apropiado para descansar y comérnoslo.

Poco nos duró, una vez terminados nuestros aperitivos para reponer nuevas fuerzas, retomamos la ruta para dirigirnos hacia Arahal, por la Vereda de Morón y subiendo el paso elevado del ferrocarril La Roda-Utrera.

A medida que avanzábamos por la vereda de Morón divisamos más de cerca la Sierra Sur de Sevilla.

Pasada esa sierra, a unos 15 kilometros aproximadamente nace el río que más veces hemos hablado en el blog de Cuaderno de Rutas, en sus distintos capítulos. El río Guadaíra, que también pasa por Morón de la Frontera y por Arahal. Por esta zona, el río lleva poco curso fluvial y tuvimos suerte de que llevara poco caudal para poder vadearlo.

Justo después de pasar este río con nuestras bicicletas a pie andando por traviesas de piedras, dejábamos la vereda de Morón, ya que proseguía hacia este lugar y giramos dirección al norte tomando la Vereda de los Puertos, que nos conduciría a su final, justo a la entrada de Arahal.

La Vereda de los Puertos es un camino de unos 20 metros de ancho que conduce desde la Vereda de Morón hasta la entrada a la localidad de Arahal. Mide ocho kilómtros de largo con un desnivel ligeramente inclinado hasta la localidad de la campiña sevillana, por lo que quedaba más terreno de pedaleo contínuo.

Nico volvió a pasar el tramo nuevamente con más apuros por lo que decidió ir a su ritmo y yo marché a otro ritmo más continuado pero sin distanciarle y parándome siempre que perdiera su visual.

El camino era una larga recta sin apenas curvas, por lo que era fácil para Nico mantener mi referencia. Justo cuando divisé la estampa del municipio de Arahal paré mi marcha para esperar a Nico y le animé indicando que ya estábamos llegando a nuestro objetivo. Siguió adelante y yo saqué mi cámara para hacer una foto del momento.

Ya el pequeño descenso nos condujo al fin de este camino para acceder a la localidad.

El acesso al Arahal estaba junto a la vía de servicio dirección Málaga de la autovía A92, saliendo al pueblo justo por la entrada de la carretera de El Coronil.

Llegamos justo en la entrada del tractor. Un monumento que evoca la actividad agricultora de este pueblo de la campiña.

La historia de este pueblo de la campiña sevillana parece remontarse a la época romana por los restos de lápidas y sarcófagos hallados con el nombre de Basilippo.

A pesar de las confusas noticias de su historia, parece claro que sus primeros pobladores ocuparon un lugar próximo a un cruce de caminos y que era originariamente un lugar donde se reunían los pastores para pernoctar, parace ser que ese es el origen del pueblo.  Ar-rahal es un término árabe, referido al lugar del camino donde parar a descansar. En el Levante español también se aplicó a una casa de campo destinada a labores agrícolas. Pero en Andalucía y Extremadura se refiere a ‘la majada’ o ‘el hato’ donde los pastores guardaban sus rebaños en la zona, que es lo que debió de ser el lugar de Arahal en época islámica.

Este término aparece documentado por primera vez para nombrar a este lugar, como una donación de Sancho IV de Castilla a la orden de Alcántara, como parte del término de Morón, en 1285. El nombre de “El Arrahal” está documentado como topónimo en 1342, un siglo después de las conquistas castellanas en la zona, y su significado debía de ser claro para los pobladores de la región. Es difícil precisar si El Arrahal era entonces poco más que el lugar donde los pastores seguían reuniendo sus rebaños, o si ya estaba habitado por un buen número de vecinos dedicados a su labores de subsistencia.

La hora de llegada a este pueblo tras 59 kilómetros de marcha fue a las 14:12 horas. Lo realizamos en 4 horas 06 minutos y 49 segundos. Fue el momento perfecto para descansar, yantar, reponer fuertzas y dedicarnos de lleno a nuestro momento gastronómico.

Para ello elegimos el restaurante situado a las afueras para estar más tranquilo. Se llama “El Verdeo”. El nombre de este restaurante evoca una labor agrícola de las zonas olivareras de España, que se lleva a cabo en el mes de septiembre con motivo de la recolección de la aceituna de mesa. En Arahal incluso hay una fiesta en honor a ello.

Unos refrescos de limón y botellas de agua hicieron apagar nuestra necesidad de hidratación. Para reponer nuestras fuerzas Nico se pidió un salmorejo y yo un plato de carne con tomates.

Se puede escribir ríos de tintas sobre este plato, como seguramente aparecerá en otras ediciones de este blog, nos ocuparemos ahora de su historia como preparación culinaria. Este alimento se remonta a los primeros instantes de la humanidad en los que se trituraban los ingredientes en un par de piedras. Esta forma primitiva de cocinado por trituración mecánica era muy popular, y se aplicaba a un gran número de alimentos. En los inicios estos salmorejos desde luego no llevaba tomate. La historia culinaria del salmorejo posee dos hitos históricos importantes, el primero es la incorporación del tomate tras la conquista de América como ingrediente capaz de proporcionar color rojo, y el segundo fue la llegada de la electricidad a los hogares y creación de electrodomésticos como la batidora eléctrica, con el que se ahorra tiempo y esfuerzo en su preparación.

Su nombre puede aludir a una especie de salmuera refrescante: salmorejo. Recuerda a una evolución lingüística de una mezcla de dos conceptos: salmoretum. El moretum fue una salsa, de origen de la época romana, que se elaboraba con mortero. Moretum es una variante de la denominación latina: mortero: mortarium. Sal-Mortarium pudo haberse transformado en el actual salmorejo. Sobre la alusión etimológica de la sal en la denominación del salmorejo, hay varios estudios lingüísticos que relacionan la palabra salmorejo con salmuera. Otras posibles derivaciones etimológicas pueden provenir de la salsa andalusí almorí.

En cuanto a la carne con tomates es una preparación culinaria que contiene carne (en mayor medida magra) y salsa de tomate. La receta con diversas variantes es conocida en la cocina española del norte, siendo su origen en la cocina aragonesa. 

Es una de las recetas más habituales en cualquier casa de Andalucía, y se puede encontrar en la lista de tapas en casi la mayoría de los bares y tascas de la geografía andaluza. Hay muchas maneras distintas de hacerla, como suele ocurrir con los platos de cocina popular. La carne magra de cerdo se usa en este plato troceada y se sofríe con otros ingredientes al gusto como cebollas, pimientos, dientes de ajo, orégano, vino blanco, hojas de laurel, sal, comino y aceite de oliva pero lo fundamental y que no falte para este plato el tomate triturado.

Pasaba el tiempo mientras comíamos, charlábamos entre nosotros para hacer tiempo y trancurran las malas horas del sol. Esperábamos en la sombra del porche antes de reanudar la marcha.

Tras hora y media de parón, digestión y descanso decidimos volver a Sevilla, recogiendo nuestras cosas y preparándonos para volver a montar de nuevo.

Para ello tuvimos que entrar en el pueblo de Arahal, donde este curioso monumento da la bienvenida al pueblo.

Debido a la actividad agrícola de este pueblo, quizás se le rinda un homenaje a este vehículo especial porque su uso ha posibilitado disminuir sustancialmente la mano de obra empleada en el trabajo agrícola, mecanizando las tareas de carga y de tracción que tradicionalmente se realizaban con el esfuerzo de animales como asnos, bueyes o mulas. El representado aquí en esta obra es un Hart Parr, perteneciente a una compañía estadounidense  de Madison, Wisconsin y que empezó a equipar sus primeros modelos en 1902. El origen de esta sociedad se debe a dos universitarios  de Wisconsin, Charles W. Hart y Charles H. Parr que desarrollaron un motor de gasolina de dos cilindros y establecieron sus negocios en Charles City, Iowa una vez finalizados sus estudios. En 1903 la empresa construyó quince “tractores”. Un término que ellos mismos acuñaron ya que su producto iba a gasolina a diferencia de otros más primitivos que funcionaban a vapor, la palabra para el novedoso prototipo de aquella época, lo tomaron del latín Trahere que significa tirar.

Tras dejar esta glorieta entramos en el núcleo urbano por la Carretera de Villamartín donde dos carteles nos iba a dar la bienvenida, el del pueblo y el otro sobre un evento del vecina localidad de Utrera pero que tiene como protagonista a un “profeta de la tierra”, Dany Torres Baena, un piloto de motocross de freestyle, nacido en esta localidad y campeón del mundo en el campeonato del Red Bull X-Fighters.

Continuamos calle al frente hasta el mercado de Abastos de La Venta, allí a la izquierda en sentido cardinal este, empezaría la Calle de la Golondrina. Justo allí un placa en cerámica que conmemora a Arahal como Municipio del Olivo y es que este pueblo de la Campiña sevillana, basa su economía en la agricultura respecto a la aceituna de mesa ya que en sus variedades de manzanilla y gordal, Arahal es el primer productor a nivel mundial.

Tomando como referencia la gasolinera de Cepsa, seguimos calle adelante para ir abandonando Arahal y buscar la vía de servicio adyacente a la autovía A92 para avanzar de vuelta a Alcalá.

Tras dejar la Calle de la Golondrina, se prolonga la ruta por la Calle del Manzanillo hasta llegar al Polígono Industrial La Cantarería. Desde aquí comienza ya el camino que ibamos a circular hasta Alcalá.

Dejado el Polígono, el cementerio nos indica que abandonamos el pueblo definitivamente. Al llegar a este punto recorrimos en ruta 61,5 kilómetros.

El camino en su inicio era alquitranado al ser una vía de servicio pero la mayor parte hasta llegar a Alcalá, de albero. Por este lugar teníamos unos 40 kilómtros para llegar a Sevilla pero como tenemos previsto pasar por Alcalá, la distancia sería más larga que esa. Aquí íbamos a probar nuestra aptitud como ciclista de rodadores, ya que cambiamos en este terreno llano a grandes desarrollos para rodar  a un paso rápido.

Dentro de las carreras ciclistas de competición, los rodadores es un tipo de ciclista de una gran envergadura y de gran musculatura y peso, de ahí que es la que mejor nos podríamos adaptar Nico y yo debido a las características físicas nuestras. Por eso los trazados llanos son los que mejor nos adaptamos.

El paisaje por el circulamos era de cultivos, tanto de regadío como de secano.

A nuestro paso nos encontrábamos paneles de información kilométrica hasta llegar a Sevilla, por lo que no teníamos problemas a la hora de preguntarnos la distancia que faltaba.

El trazado lineal cruzaba tres carreteras comarcales salidas y entradas a autovía, las carreteras de Utrera, Carmona y Mairena del Alcor. La salida a Mairena del Alcor era el último cruce de carretera comarcal.

Justo antes de alcanzar Alcalá de Guadaíra se iniciaba una pendiente, era la Subida del Cerro de San Juan, allí se encontraba el despoblado de Gandul, por donde hicimos una parada.

Gandul es una aldea, que probablemente data de la época andalusí y que en época bajomedieval se convirtió en señorío. De la antigua villa de Gandul se mantienen en pie todavía algunos edificios en aceptable estado de conservación: una torre medieval, la iglesia de San Juan Evangelista (siglos XV-XVI), el palacio de los Marqueses de Gandul (siglo XVII) y la antigua Casa del Concejo (siglo XVIII).

Gandul podría fecharse a principios del siglo IX, cuando surgió como un asentamiento agrícola andalusí en torno a una fuente conocida como Ayn al-Qandul (la Fuente de la Aulaga o de la Retama), que podría ser el nombre dado en la época al manantial donde nace el arroyo Madre de Gandul. En la Edad Media cobra especial importancia como pequeña alquería en el camino de Sevilla a Antequera. En época Almohade se construye una torre almenara en este lugar como parte del sistema defensivo articulado en torno al castillo de Alcalá de Guadaíra. La torre que actualmente permanece en pie es de factura cristiana con importantes reformas en el siglo XVII.

El palacio se trata de una casa palaciega rústica construida por los Jáuregui a principios del siglo XVII, poco después de adquirir el señorío. Fue siempre concebida como segunda residencia de sus propietarios. Es un edificio protobarroco, de la transición del manierismo al barroco propiamente dicho, en el que se combinan espacios residenciales privados, zonas de servicio, granero, corrales y jardines.

El palacio es de una sola planta, aunque al estar construido sobre una pendiente parte del edificio se apoya en un semisótano, lo cual hace que desde donde estábamos situados, el sur, parezca que el palacio tenga dos alturas. El acceso se hace a través de un patio en el que confluyen las zonas privadas y de servicio. Las estancias privadas están articuladas en torno a un gran salón desde el que tienen acceso directo.

A lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII, al mismo tiempo que se iba acentuando la decadencia y el despoblamiento de la villa, los marqueses de Gandul dejan de frecuentar el palacio como residencia. Por consiguiente, el inmueble fue cayendo en un progresivo estado de abandono. A partir de entonces solo se siguieron utilizando algunas dependencias relacionadas con su uso como casa de labor, tales como el granero, la huerta, los corrales o la vivienda de los caseros. El lugar fue narrado por la prestigiosa pluma de Washington Irving, que gracias a sus viajes y relatos de estos lugares, la ruta de Sevilla a Granada lleva su nombre.

No fue hasta la segunda mitad del XIX cuando el palacio de Gandul fue rehabilitado y utilizado otra vez por sus propietarios. En la década de los años setenta del siglo XX sufrió una restauración en la que se eliminaron las cubiertas de teja, sustituyéndolas por azoteas planas y pretiles almenados, destruyendo así la primitiva silueta del edificio.

Una de las actividades preferentes de los habitantes de la antigua villa de Gandul,  era la elaboración y abastecimiento de pan a Sevilla. En el siglo XVI el pan proveniente de Gandul se consideró uno de los mejores que se pueden consumir en la ciudad. De hecho, algunos de los más importantes literatos de la época se encargaron de inmortalizarlo a través de sus obras, como en Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes Saavedra o Lope de Vega en Los Vargas de Castilla.

Tras este inciso continuamos por el Escarpe de los Alcores subiendo por el Cerro de San Juan, donde contemplamos vistas de la Vega y la Autovía A92.

Tras pasar este cerro, tocaba descenso hasta Alcalá, teníamos marcado en las notas de Nico como punto de referencia Autocaravanas  Hidalgo que lo pasamos y seguimos hacia delante hasta encontrar la Se-3203 la cual tomamos para llegar hasta Alcalá.

Ya en Alcalá entramos por la Avenida de Santa Lucía, y a la altura del Estadio de Fútbol, buscamos de nuevo la Avenida Tren de los Panaderos. A partir de aquí, todo era volver sobre nuestros pasos que traíamos en la ida para llegar a Sevilla. Disfrutamos de una espectacular vista del puente romamo de Carlos III.

Antes de poner rumbo a Sevilla, paramos por última vez, en una cafetería para merendar un Aquarius y reponer agua en nuestros bidones para afrontar el último tramo por el Corredor Verde de Alcalá hasta la Universidad Pablo de Olavide.

Ya nuestro ritmo era más pausado y yo notaba cansancio después de tantos y tantos kilómetros de recorrido en mis piernas. Tras la Universidad Pablo de Olavide el último tramo por recorrer era la entrada a Sevilla justo por la Avenida de la Paz, junto al Centro Comercial Alcampo el mismo donde iniciamos la ruta de esta travesía y ahora ponía el punto final de nuestra aventura.

Llegamos a la 19:34 horas de la tarde. Habíamos recorrido 108 kilometros juntos y unas 7 horas y media aproximadamente en bicicleta. Nico como tenía que que volver a la otra punta de Sevilla recorrió unos 125 kilométros ese día.

DATOS DE LA RUTA.

DISTANCIA RECORRIDA.- 108,4 KILOMETROS

TIEMPO EMPLEADO.- 7 HORAS 26 MINUTOS 46 SEGUNDOS

VELOCIDAD MAXIMA ALCANZADA.- 43,9 KM/HORAS.

VELOCIDAD MEDIA.- 14,5 KM/HORAS.

ODOMOTRO.- 321 KILOMETROS TOTALES.

asss

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